El otro día pensaba en el blog, en como lo estaba volviendo a dejar
apartado, así que he encontrado un momentito para pararme a escribir algunas
líneas. Durante estas semanas hemos estado en Londres. It’s always a good idea. Paseamos por la ciudad y tuvimos la suerte de alojamos en mi zona favorita: Covent Garden. Visitamos el Tate Modern, comimos
mucho pan de ajo, fuimos a ver el musical de Rey León y visitamos los estudios
de Harry Potter.
Me paré delante del escaparate de la The Cambridge Satchel Company, comimos
en Camden, desayunamos en Portobello, suspiré durante una hora dentro de la
librería de Notthing Hill, me compré una edición preciosa de Emma de Jane Austen, toqueteé mil
productos en Boots, nos tomamos una pinta (o dos) y, cómo no, cogimos
provisiones de M&M.
Además, en estas semanas ha llegado realmente el otoño y con él la
castañada y mi cumpleaños que, medio de improvisto, organizamos en casa con un
puñado de castañas, a las que les faltaba un punto de horno, unos boniatos
demasiado hechos y panellets que, bueno, eran del súper. Por suerte, teníamos
palomitas y gin. ¡Y hasta un pastel que no esperaba! Sin saberlo, creo, hicieron lo mejor que le pueden hacer a una persona que
se pasa la vigilia de su cumpleaños mirando el reloj hasta alcanzar las 00:00 para
anunciar a todo el mundo que es su cumpleaños.
Sí. Tengo 25.
Bien, ahora solo queda sentarse a esperar la llegada de las luces de neón.


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